George Milburn escapó de Coweta, Oklahoma (1.300 almas), con apenas diecisiete años, pero antes de irse tuvo tiempo de observar a sus conciudadanos y de escuchar las historias que los más viejos del lugar contaban delante de una cerveza o de un vaso de licor casero. Un pueblo de Oklahoma reúne treinta y seis relatos protagonizados por los lugareños de un villorrio en la América profunda de los años veinte. Retazos de vida que dejan al descubierto el racismo, fanatismo religioso, ignorancia, crueldad y codicia de hombres y mujeres corrientes.
Gemma Jackson no tuvo una infancia convencional en la Norteamérica de los años sesenta. Ella y su hermano MacArthur crecieron en las distintas bases militares donde destinaron a su padre, un hombre estricto y brillante fascinado por los esquimales y el ártico desde su paso por Groenlandia. En varios de los relatos de este libro, Gemma recuerda con nostalgia algunos episodios de sus itinerantes años de formación.
David ha perdido la memoria, y un anuncio en el periódico pide a familiares y amigos que le ayuden a recuperarla por correspondencia. Al llamado responden tres personas muy cercanas a David durante sus años de formación: Jon, su mejor amigo; Arvid, su padrastro, y Silje, su primer amor. Cada uno ofrece un testimonio distinto de David, de sus experiencias compartidas, y también de la vida en Namsos y de esa influencia invisible que ejerce la comunidad en una pequeña ciudad de provincias.
Troy Cameron, criminal ampliamente respetado en los bajos fondos de Los Ángeles, embarca a dos viejos camaradas del reformatorio en un golpe de los que difícilmente rechazaría quien ha entregado su vida al crimen.
Kazuko, la joven narradora de El declive, vive con su madre en una casa del pudiente barrio tokiota de Nishikata. La muerte del padre, y la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial, han reducido considerablemente los recursos de la familia, hasta el extremo de tener que vender la casa y trasladarse a la península de Izu.
Jack Carter, principal sicario de los mafiosos londinenses Les y Gerald Fletcher, regresa a su ciudad natal en el norte de Inglaterra tras ocho años de ausencia. La última vez que estuvo allí fue para enterrar a su padre, y ahora vuelve para el funeral de su hermano Frank. Según la policía, la muerte de Frank fue accidental: su coche se despeñó por un precipicio con él borracho al volante. Pero Jack, que conocía bien a su hermano a pesar de la mala relación que mantenían, sospecha de la versión oficial y comienza a interrogar a todos aquellos que conocían a Frank.
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