Un sábado de enero de 1943 una joven alemana recorre las calles del centro de Roma en dirección a la iglesia luterana, donde tiene previsto asistir a un concierto. De ella solo conocemos sus pensamientos, que fluyen en un crescendo emotivo hasta perfilar a la perfección el retrato de una joven inocente de veintiún años...
El tiempo parece haberse detenido en Mineo, y los habitantes de este pueblo en la Sicilia profunda hace ya mucho que aceptan con resignación la miseria y el sufrimiento cotidiano. En este inhóspito paraje nació Giuseppe Bonaviri, quien, tras estudiar medicina en Catania, regresó a su pueblo natal para ejercer de médico durante los años de mayor escasez de la posguerra.
En una brumosa mañana de noviembre de 1940, un hombre espera en el muelle de Nueva Jersey la llegada de unos amigos procedentes de Europa. En más de una ocasión su mirada se detiene en la figura frágil y encorvada de un extranjero que arrastra inquieto su pierna izquierda por el muelle. Cuando el hombre le pregunta a quién espera, el extranjero le responde que son setenta y cinco aquellos que deberían llegar.
Un chico de catorce años, su hermano pequeño y su madre llegan tras un largo viaje en tren a una ciudad desconocida huyendo de un marido y padrastro violento. La madre, acuciada por la carga de sus circunstancias y harta del carácter retraído y temeroso de su hijo adolescente, le obliga a buscar empleo. El chico emprende así un periplo que en sucesivas etapas lo lleva del campo a la ciudad y de la ciudad al campo y lo relaciona con jóvenes y adultos de variada condición.
Tras la muerte de Edward Bunker en 2005, se encontraron entre sus papeles una novela inédita (Stark) y varios relatos en los que el escritor angelino estaba trabajando, reunidos ahora bajo el título de uno de ellos, Huida del corredor de la muerte.
Publicada por primera vez en 1940 e inédita en castellano, Mal dadas podría ubicarse entre la cruda narrativa de James M. Cain y los primeros relatos de Ernest Hemingway. Una novela que, por su realismo sin concesiones y su lenguaje directo, resultó avanzada para el gusto de los lectores de su época, e impresionó a ilustres compatriotas como Raymond Chandler, Flannery O’Connor o George V. Higgins.
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