En una brumosa mañana de noviembre de 1940, un hombre espera en el muelle de Nueva Jersey la llegada de unos amigos procedentes de Europa. En más de una ocasión su mirada se detiene en la figura frágil y encorvada de un extranjero que arrastra inquieto su pierna izquierda por el muelle. Cuando el hombre le pregunta a quién espera, el extranjero le responde que son setenta y cinco aquellos que deberían llegar.
Divko Buntić, un lunático y rencoroso emigrante bosnio, vuelve a su pueblo natal tras amasar una fortuna en Alemania. Lo acompañan su nueva mujer, una joven musulmana, y su adorado gato negro Bonny. Poco después de su llegada Bonny desaparece, y la ciudad entera, atraída por la cuantiosa recompensa ofrecida, enloquece en la búsqueda del felino dando lugar a episodios hilarantes y trágicos.
William Dubin, biógrafo de éxito de mediana edad, vive apaciblemente con su mujer en una pequeña ciudad cercana a Nueva York. Su hijastro Gerry, desertor huido a Suecia, y su hija Maud, estudiante universitaria algo perdida, se encuentran lejos de la casa familiar.
Publicada por primera vez en 1940 e inédita en castellano, Mal dadas podría ubicarse entre la cruda narrativa de James M. Cain y los primeros relatos de Ernest Hemingway. Una novela que, por su realismo sin concesiones y su lenguaje directo, resultó avanzada para el gusto de los lectores de su época, e impresionó a ilustres compatriotas como Raymond Chandler, Flannery O’Connor o George V. Higgins.
La casa del hambre supuso el fulgurante debut con el que un joven africano de veintiséis años obtuvo en 1979 el prestigioso premio Guardian de ficción. Un libro explosivo que rompió con el tratamiento realista de temas sociales y políticos típicos de la novela de protesta anticolonial en favor de un retrato profundamente expresivo.
Willem Termeer, el narrador de Una confesión póstuma, se presenta a sí mismo como un hombre apático, desagradable e indiferente a todo cuanto le rodea. Hijo de una madre fría y vanidosa y de un padre enfermizo e irascible, uno de sus primeros recuerdos es el de su ingreso en la escuela, donde se sentía como un conejito al que han arrojado a la jaula de las fieras.
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