Una gélida noche de febrero, la editora Dijana Lovrić emprende un viaje desde la capital de Croacia, Zagreb, hasta el monasterio de Rama-Sćit, en Bosnia-Herzegovina. Allí la esperan con una misteriosa petición los frailes que han trabajado dos años con ella en una monografía sobre el monasterio.
Mortimer Hehir, el tejedor de un pequeño pueblo irlandés, ha muerto, y sólo dos ancianos, el picapedrero Cahir Bowes y el fabricante de clavos Meehaul Lynskey, pueden encontrar la tumba de su clan en el lúgubre y ancestral cementerio de Cloon na Morav.
Ota Pavel enloqueció en Innsbruck, en 1964, mientras cubría las Olimpiadas de invierno como cronista deportivo. La enfermedad truncó una carrera periodística en la que ya había comenzado a despuntar, pero la gente no se olvidó de él. Los lectores hacían cola en la calle para comprar su primer libro, una selección de reportajes sobre deportistas checos, y los médicos del psiquiátrico se ocuparon de que a Pavel le llegaran fotos del gentío que se agolpaba en las librerías. También le dieron un cuaderno y un bolígrafo, y así nació Carpas para la Wehrmacht, una preciosa colección de relatos autobiográficos con un protagonista indiscutible: Leo Popper, el padre de Ota.
Troy Cameron, criminal ampliamente respetado en los bajos fondos de Los Ángeles, embarca a dos viejos camaradas del reformatorio en un golpe de los que difícilmente rechazaría quien ha entregado su vida al crimen.
Kazuko, la joven narradora de El declive, vive con su madre en una casa del pudiente barrio tokiota de Nishikata. La muerte del padre, y la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial, han reducido considerablemente los recursos de la familia, hasta el extremo de tener que vender la casa y trasladarse a la península de Izu.
Jack Carter, principal sicario de los mafiosos londinenses Les y Gerald Fletcher, regresa a su ciudad natal en el norte de Inglaterra tras ocho años de ausencia. La última vez que estuvo allí fue para enterrar a su padre, y ahora vuelve para el funeral de su hermano Frank. Según la policía, la muerte de Frank fue accidental: su coche se despeñó por un precipicio con él borracho al volante. Pero Jack, que conocía bien a su hermano a pesar de la mala relación que mantenían, sospecha de la versión oficial y comienza a interrogar a todos aquellos que conocían a Frank.
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