El callejón de las almas perdidas empieza con la extraordinaria descripción de un abyecto espectáculo de feria cuyo principal reclamo es «el monstruo», alguien que ha caído tan bajo que está dispuesto a humillarse, por un trago de whisky, delante de un público ávido de sensaciones extremas.
El aspirante a escritor Bruno Dante lleva meses sin escribir una sola línea, bloqueado. Vive en un edificio de acogida para ex alcohólicos y se gana la vida vendiendo aspiradoras de puerta en puerta bajo el sol abrasador de Los Ángeles. Hasta que lo despiden. Desesperado, Bruno sigue el consejo de su hermano mayor en Alcohólicos Anónimos y empieza a trabajar...
Ron Decker, joven de buena familia, acaba con sus huesos en la temible prisión de San Quintín tras su primera detención por «vender droga como si tuviese licencia».
Tras una borrachera salvaje que acaba en orgía homosexual y tentativa de suicidio, Bruno Dante es internado por tercera vez en la unidad de alcohólicos y enfermos mentales del Hospital San Giuseppe di Cupertino en el Bronx.
Jack tiene veinticuatro años y ha pasado la mayor parte de su corta vida en prisiones juveniles. En realidad, Jack no es su verdadero nombre, sino el que él mismo ha elegido para empezar una nueva vida en Manchester; sólo Terry, su tutor y único amigo, conoce el terrible pasado que esconde.
Ernie Stark es un estafador y un yonqui, un delincuente de poca monta a quien los trajes de lujo, los coches veloces y las prostitutas con estilo hacen enloquecer.
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