Pese a su prematura muerte, Seumas O'Kelly tuvo tiempo de convertirse en uno de los escritores irlandeses más relevantes del siglo XX. Su talento lo avalan relatos como La tumba del tejedor, considerado entre los mejores cuentos en lengua inglesa, y los aquí reunidos por primera vez en castellano bajo el título Al borde del camino.
En 1942 llegan a Marsella, en la zona no ocupada por los nazis, hombres procedentes de toda Europa: refugiados de guerra, judíos del este, republicanos españoles, y rusos que huyen del régimen estalinista. El gran puerto mediterráneo es un hervidero de gente en busca de los visados que les permitirían embarcarse hacia la libertad, pero también de delatores y legionarios al servicio del régimen colaboracionista de Vichy.
El soldado raso Bourne, voluntario del ejército británico destinado al Somme, no es como los demás: su poca presencia física y su manera respetuosa de hablar indican que se trata de un hombre educado y de buena posición. En el ejército, Bourne es una anomalía que sus superiores insisten en corregir ofreciéndole promoción.
En los suburbios pobres de la ciudad con mayor índice de criminalidad de los Estados Unidos, los traficantes de droga se pavonean al volante de Cadillacs de vivos colores y lucen exuberantes peinados a lo afro, patillas crecidas, botines de tacón, abrigos de visón o chaquetones de piel por valor de cientos de dólares; y casi todos llevan, escondidas bajo el abrigo, Magnums del 357 o del 45 en la cintura del pantalón.
Desde que saliera de la penitenciaría dublinesa de Mountjoy e intentara establecerse como delincuente por su cuenta, Frankie Crowe no había tenido suerte. Harto de golpes que a duras penas le daban para el alquiler ―y que bien podrían ponerlo de nuevo entre rejas―, un ambicioso Crowe planea secuestrar a Justin Kennedy, un banquero que ha prosperado en los años dorados del Tigre Celta. Pero para ello necesita contar con la aprobación del temido Jo-Jo Mackendrick, antiguo jefe de Frankie y conocido mafioso local.
La Escena, que combina elementos de la novela policial con una audacia expresiva y una crudeza raras para su género y época, supuso el debut en 1960 de Clarence Cooper Jr., escritor con una trayectoria breve señalada por el demonio de la adicción a la heroína.
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