Los niños se aburren los domingos es una selección de los mejores relatos de Jean Stafford, ganadora del premio Pulitzer de ficción en 1970 por sus Cuentos completos y colaboradora habitual de The New Yorker. Las protagonistas de estos relatos, ambientados en una Norteamérica en la que a mediados del siglo pasado la discriminación contra las mujeres goza de una gran fortaleza, son jóvenes en busca de una segunda oportunidad lejos de sus opresivos hogares y mujeres insatisfechas en sus matrimonios o a quienes la vida no ha tratado bien.
Durante las primeras semanas de la Guerra de Corea, el joven capitán Lee del ejército de Corea del Sur recibe el encargo de investigar el secuestro y asesinato de varios sacerdotes cristianos por parte de las fuerzas comunistas. La propaganda de guerra quiere convertir en mártires a los sacerdotes, pero el capitán Lee alberga dudas sobre el comportamiento de los religiosos ante el pelotón de fusilamiento.
Un día de fuego reúne, en un solo volumen y por primera vez en castellano, todos los cuentos del escritor y partisano italiano Beppe Fenoglio. La lucha contra nazis y fascistas en las colinas de las Langhe marcó profundamente al joven Fenoglio, que escribió sobre ello sin el romanticismo ni la retórica de los «vencedores» en cuentos como Los veintitrés días de la ciudad de Alba o Viejo Blister.
Desde que saliera de la penitenciaría dublinesa de Mountjoy e intentara establecerse como delincuente por su cuenta, Frankie Crowe no había tenido suerte. Harto de golpes que a duras penas le daban para el alquiler ―y que bien podrían ponerlo de nuevo entre rejas―, un ambicioso Crowe planea secuestrar a Justin Kennedy, un banquero que ha prosperado en los años dorados del Tigre Celta. Pero para ello necesita contar con la aprobación del temido Jo-Jo Mackendrick, antiguo jefe de Frankie y conocido mafioso local.
La Escena, que combina elementos de la novela policial con una audacia expresiva y una crudeza raras para su género y época, supuso el debut en 1960 de Clarence Cooper Jr., escritor con una trayectoria breve señalada por el demonio de la adicción a la heroína.
Glanbeigh no se encuentra en ningún mapa, pero los anhelos, frustraciones y contratiempos de los habitantes de este pueblo imaginario del condado de Mayo, Irlanda, les resultarán familiares. Jóvenes con un futuro incierto que malviven mediante empleos ingratos o mal pagados (portero de discoteca, gasolinero, bedel), matones, traficantes poco profesionales.
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